SOBRE BALANCES

No soy de hacer balances de fin de año, es más, probablemente este ni siquiera sea uno.

Llega fin de año y se nos cruzan muchas cosas por la cabeza sumado el estrés y cansancio propio de la época. Es normal. No pasa nada. Todos en cierta forma empezamos a pensar en lo que pasó en estos 12 meses y a ver lo bueno y lo malo. Es parte de cerrar una etapa. ¿Por qué? La verdad que no lo sé bien, creo que es la manera en la que buscamos largar todo: a las cosas buenas que pasaron aceptarlas y agradecerlas y a las cosas malas por qué no, putearlas un poco y dejarlas en el pasado intentando que no vayan a pesar en el futuro.

Sé que generalmente no hablo de estas cosas acá, pero un posteo como este va perfectamente en la sección #MIMUNDO de este blog. Los que me siguen en instagram saben que siempre trato de poner cosas positivas, incentivando a descubrirnos, valorarnos y salir adelante aunque haya muchas veces que no me lo crea ni yo misma. Y ¿por qué?: porque a veces cuesta. En la vida cuestan muchas cosas y siempre va a haber cosas que cuesten, a eso sabelo desde ya. Pero, siempre está la posibilidad de aprender de esas cosas, año tras año, para que los balances se conviertan en sabiduría y fortaleza.

Es hermoso mirar para atrás y saber que hiciste cosas lindas que te llenan: haber estudiado, viajado, enamorado, sanado. Pero siempre están esas cosas que no nos gustaron para nada: una pérdida, algo que teníamos planeado y no salió como queríamos, el desamor, la desilusión.

Nos sofocamos en diciembre con todas esas cosas que nos giran en la cabeza y no nos tomamos un tiempo para nosotros mismos. “Sacar belleza de este caos es virtud”, dijo Cerati, y es lo que tenemos que lograr en ese a veces amado, a veces odiado, balance.

Hace unos días comencé a leer un libro de Lorena Pronsky y quiero que lean esto que leí, mientras tomaba mates y se me caían las lágrimas en un ataque de ansiedad (si, se puede leer en medio de un ataque de ansiedad):

“Me gusta porque no se le nota que está rota. Me contagia esa idea de que se puede ser feliz a pesar de tener un corazón despedazado. Yo sé que así lo tiene. Le falta una pieza de ésas que nunca más va a encontrar. Ella va a vivir sin una parte para siempre. Con un corazón desarmado que nunca va a armarse de nuevo. Pero la piba se para igual. Se para y no se le nota que renguea. Sigue. Sigue jugando con esas piezas que le quedan, sabiendo que nunca más va a volver a tener el rompecabezas armado arriba de la mesa. Ella sigue caminando con ese vacío incrustado en el pecho. Sigue jugando con lo que le queda. Guarda el dolor de la pieza que le falta para otro momento. Ella se sigue parando. No está sanada. No va a sanar. Lo sabe. Pero se para con esa fortaleza del que sabe que así es la vida. Ella ya entendió todo. Sabe que perdió la batalla. Lo sabe. Pero se ríe. Y a veces disfruta. Contagia la idea de que se puede. Que, aún rota, se puede si se quiere. Ella perdió justo lo que no tenía que perder. De todas las cosas posibles justo ésa no tenía que perder. Y la perdió. Y le duele en el pecho y en la garganta. Extraña. No se agarra de nada que la distraiga de la verdad de saber que no está y que no va a volver. Pero ella sigue. A veces tropieza, pero ella cree que tropezar mirando al cielo siempre compensa. Y sigue. No tiembla. Y entonces a mí, me gusta esa sonrisa en su cara. Me hace pensar que se puede. Me gusta ver que sigue con lo que tiene. Que no busca reemplazos. Me gusta verla porque me planta una evidencia que me cuesta asumir. Sí. La gente rota puede seguir su curso. Pueden ser felices. Ella es feliz. Las sonrisas no mienten. La mirada tampoco. Ella es feliz. Y está hecha pelota. No es careta. No es valiente.
Es simplemente una piba que, rota, camina igual”.

Quizá algunos se sientan identificados, otros no. Yo sí. Andar por la vida sonriendo, ser amable con los que nos rodean: es lo que intento cada día. Y podes estar rota. Y podes seguir igual. Podes seguir igual simplemente porque de eso se trata la vida. Hacerse cargo de los fantasmas que tenemos dentro y dejarles de tener miedo. Es una tarea difícil, demasiado. Pero hasta hace falta tenerlos y convivir con ellos porque posta, se aprende un montón.

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Siguiendo con Cerati, “Nuestro futuro depende de cómo entendamos el pasado”. Hay que ser valiente y tener coraje para llevar con nosotros mismos todas esas cosas que no queríamos que pasaran y pasaron. Y aceptarlas. E insisto, tomarlas como aprendizaje. Descubrir que atrás del dolor estás vos, lleno de vida, con miles de sueños y aprender a verlos, aprender a reconocerlos y jugársela por ellos.

¿Te pasaron cosas que no querías que pasaran este año o pensas que podría haber sido mejor? ¿Y si pensamos que pasaron para enseñarnos y hoy podemos ver las cosas de otra manera?

Estoy segura que cosas lindas te pasaron. A mí me pasaron. Ir de picnic con mi novio un sábado de invierno, compartir una merienda con mi hermana, sentarme al lado de la ventana mientras corría ese vientito primaveral mientras leía un libro. Las charlas interminables con mates de por medio con mi mamá cuando volvemos del trabajo. Escuchar los consejos de mi cuñado. Acariciar a mis perritos. Esas son las cosas que tenes que recordar del año: cuando saliste a caminar solo, cuando te animaste a hacer algo que no habías hecho antes, poner tu disco preferido y cantar, que puedas respirar hondo mientras te atraviesa un rayito de sol.

Esas cosas, esas simples cosas son las que nos llenan. Esas cosas en las que podemos ser nosotros. Si podes verlas, podrás brindar a las 00hs y decirle adiós a un año en el que descubriste, en el que amaste y en el que soñaste. El resultado no importa, lo que importa fue el camino que tomaste. Si, podemos equivocarnos en el camino, pero equivocarse es parte, no final.

Entonces, como dice Lorena, “Rota se camina igual”. Lo digo porque me pasa todos los días. Y sé que a muchos les pasa. Hay que tomar el dolor como parte de la vida. No todo lo que vemos es perfecto como una foto de instagram. Sin embargo, eso no es caretearla. Porque está bien, está muy bien mostrarse al mundo como queremos que nos vean. Pero también está bien, muy bien, pedir un abrazo cuando lo necesitamos.

Aprendamos que el dolor se puede transformar en arte y de él pueden salir cosas maravillosas de nuestro interior. Busquemos lo que nos apasiona que es lo que nos va a salvar siempre. No nos frustremos. No guardemos rencores, no dejemos de decir lo que sentimos. Seamos como somos, lo que somos, sin vergüenza.

Si aprendes a vivir aceptando que siempre hay dolores vas a lograr la paz, porque como dicen, “si no permites que el dolor se convierta en tu verdugo, puede ser un gran maestro”.

Si comenzás el año logrando apreciar esas pequeñas cosas, esos pequeños momentos en los que fuiste vos, vas a alcanzar la paz necesaria para comenzar de nuevo.

No dejes de reinventarte nunca.

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